Contenido original y con valor añadido... copiado


Sí, cuanto más me introduzco en el universo de la creación de contenidos más alucinada estoy con la cantidad y velocidad de copias que aprecen. Si se me permite la expresión, crecen como champiñones. Pero además acabas por tener perfectamente ubicadas páginas que copian lo que publicas de manera sistemática.

De la inspiración a la copia

En el mundo del diseño gráfico, donde también me he movido y muevo bastante, siempre he sido bastante cauta con el tema de los plagios. Cuando empezaba, en la primera agencia en la que estuve, desarrollé un logotipo para una empresa de trabajos verticales. Me documenté mucho y por supuesto investigué mucho el tema, buscando la inspiración perfecta. Yo tenía mi logo preferido, pero de las propuestas el cliente se quedó con la que menos me gustaba a mi, cosa que, por otro lado, es bastante frecuente... Los diseñadores me entenderéis ;P

El caso es que algún tiempo después, por la calle, sin esperármelo, vi exactamente la misma idea gráfica que había utilizado yo en aquel logotipo en la imagen de otra empresa. Vaya por delante que no era la idea más fascinante del mundo: había alargado una de las letras y creado cierta combinanción de colores. Pero es que lo que había delante de mis ojos era... la misma letra alargada y la misma combinación de colores.

Me quedé ojiplática. ¿Acaso había visto en algún momento ese logo e incoscientemente lo había reproducido? Pues puede ser, no seré yo quien ponga la mano en el fuego por negarlo. A partir de aquella experiencia cuando alguien me comenta que dos diseños se parecen o que ha visto un diseño o una ilustración muy parecida a alguna mía pues no queda otra que aceptarlo, pero no suelo pensar que son copias o plagios, sino más bien casualidades. Es verdad que el plagio existe, pero no pienso mucho en ello. Recuerdo un profesor mío en la universidad, el de diseño, que nos decía que en esa profesión se copiaba y mucho, que todo el mundo lo hacía... Tampoco nos vamos a engañar: ¿qué hacemos cuando nos falla la inspiración? ¿No consultamos blogs de ideas, creatividad y diseño casi todos los días? Todas esas imágenes quedan en nuestra cabeza... ¿Hasta dónde es inspiración u homenaje... y hasta dónde copia? Pero ése es otro tema...

Copiando la palabra

Lo que no me esperaba yo es el nivel de copia que estoy viendo a nivel blogs, sobre todo blogs corporativos. Esos espacios donde las empresas no saben qué contar, pero alguien les ha dicho o han leído que tienen que contar algo. Y entonces hacen una búsqueda en Google. Y encuentran un post que les va que ni pintado. Y hacen una de estas cosas:

  • Copiar el post tal cual... total, si no se va a dar cuenta nadie y además todo lo que está en Intertet es gratis
  • Copiar el post tal cual, pero citar abajo en pequeñito y en gris claro a la fuente. Por si las moscas.
  • Copiar el post, cambiando cuatro palabras, que así ya es contenido de "creación propia"
  • Pillar la idea del post y redactar su propio post
 Ahora mismo, con el marketing de contenidos de moda, todos andamos a la caza de contenidos. Para nuestros clientes, para nosotros, para pasar el rato. Con los precios que además se manejan y el imperio del low cost es mucho más fácil dedicar el menor esfuerzo y cubrir expediente, claro.

El problema es que estamos entendiendo mal el llamado marketing de contenidos. Porque el contenido copiado, así sn más, pues no aporta valor. Y si no aporta valor, pues no vale. Ni para nosotros ni para nuestros clientes.

Aportar valor de verdad: el foco puesto siempre en el cliente

Siempre me ha gustado la expresión "darle una vuelta". En la práctica para mi significa coger la idea de algo que ya existe y darle una vuelta creando algo más o menos nuevo. Dicen que hoy casi todo está inventado, pero ¿y si enfocamos esto desde el punto de vista de...? A veces es la mirada y la interpretación lo novedoso. ¿Por qué no en nuestras estrategias de contenido? ¿Por qué no en aquello que contamos?

Si pensamos siempre en a quién nos dirigimos y enfocamos los temas sobre los que escribimos hacia esas personas sí estaremos aportando valor. Porque el contenido de valor no es otra cosa que contenido interesante. Y lo interesante varía de unas personas a otras. Ése es el reto: conocer al cliente, saber qué palabras le engancha, qué problemas quiere solucionar... Y ofrecerle esas palabras, esos trucos, esas soluciones.

Todo un reto para las empresas, los marketeros, los periodistas, los copywriters...