Si te pones el traje - o lo que sea - para ir a trabajar, ¿por qué estás descuidando tu imagen profesional a otros niveles?


Y quien dice traje, dice uniforme o mono de trabajo... Según nuestra actividad de trabajo elegimos una indumentaria u otra.

En algunos casos tenemos que ir de punta en blanco, o siguiendo la última moda o al contrario utilizamos ropa y calzado cómodos. Más o menos, todos conocemos el código de vestimenta o dress code. Seguro que no has visto a un abogado que vaya a un juicio en pantalón vaquero... ni a un fontanero que vaya a arreglar un grifo de traje. Y es absolutamente lógico.

Ocurre que en el mundo actual, con Internet y las redes sociales, y el uso que hacemos de ello, es muy habitual que un cliente busque información sobre ti antes de contratar tus productos o servicios de hecho. Puede que ese cliente potencial esté viendo el escaparate de tu comercio o local en Google Maps, que esté visitando directamente tu página web o tu página de Facebook o consultando tu perfil profesional en LinkedIn.

Bueno, ¿y qué está viendo? ¿Está tu cliente viendo fotos de calidad, ya sean de tu local o de tu propia persona? ¿Está leyendo textos que le atraen y le invitan a trabajar contigo, o al menos a pedirte un presupuesto? ¿Alguna vez te has planteado si tu logo - o la ausencia de él, si tu página web - o la ausencia de ella-, si los flyers o tarjetas que buzoneas están espantando a tus clientes potenciales?

Hoy día es más necesario que nunca cuidar los detalles y todos los puntos de contacto con el cliente: nuestra página web, la forma en que aparecemos en los resultados de búsqueda de Google, nuestra tarjeta de visita, la redacción y forma de los emails o mensajes de texto, la manera en que atendemos el teléfono...

Todos estos son puntos de contacto con el cliente y queremos dar una imagen amable, profesional y de confianza. Te aseguro que tu competencia lo intenta con todas sus fuerzas.

Tu imagen profesional va mucho más allá de la indumentaria o cómo vistes

Examina con atención cuáles son los puntos de contacto con tus clientes. Desde el principio (incluyendo el cómo te encuentran) hasta el final (que puede ser el envío de la factura o incluso pequeñas comunicaciones posteriores para fidelizarle, como enviar una postal de Navidad o una felicitación de cumpleaños).

Y analiza cómo es la imagen que transmites en cada uno de esos puntos de contacto: ¿es adecuada al producto o servicio que ofreces? ¿coherente con tu nivel de precio? ¿ayuda a conseguir tus objetivos de venta y tipo de cliente o por el contrario los está entorpeciendo?

Realizar este análisis y hacerte preguntas a ti mismo sobre este aspecto es muy importante. No sólo estarás trazando un mapa, una hoja de ruta de tu relación con tu cliente, sino que podrás ver claramente qué transmites, qué imagen estás dando en cada momento: tu página web, tu tarjeta, tu presupuesto, tu factura... todos estos documentos hablan de ti y de tu empresa. Para bien o para mal.

¿No sabes por dónde empezar? Echa un vistazo a mi mini guía con 8 puntos imprescindibles para tener (y ofrecer) una imagen más profesional.