¿La gente entiende lo que quiere entender? ¿O es que no estás comunicando de forma clara?

¿La gente entiende lo que quiere entender? ¿O no estás comunicando de forma clara?Hace poco estaba esperando para ser atendida en la recepción de un céntrico hotel. Delante de mi estaba haciendo el check-in una pareja joven. Ellos habían llegado en coche y su primera pregunta al personal de recepción fue confirmar que podían dejar su vehículo en el parking del hotel todos los días de su estancia por un precio cerrado (27€), tal como habían ‘leído’ en una popular página de reserva de hoteles.

La persona que estaba en recepción les contestó que por supuesto podían dejar el coche en el parking del hotel, que efectivamente no era necesario reservarlo, que el precio era el que habían visto en la web, peeeero (siempre hay un pero, ¿verdad?) que el precio era por día. Es decir, que cada día que su coche permaneciese en el parking del hotel debían pagar 27€.

Finalmente, el asunto quedó aclarado y la pareja finalizó su check-in. Cuando se fueron, mientras yo aún esperaba para ser atendida, la persona que había atendido a la pareja comentó a su compañera: ‘Es que la gente entiende lo que quiere entender’.

¿Es esto verdad? ¿Entendemos lo que queremos?

Probablemente sea así a veces. De hecho, conozco la página de reserva de hoteles en cuestión (la que mencionaba la pareja joven de la anécdota), he utilizado sus servicios y considero que la información relativa a las condiciones de uso de los parkings de los hoteles es bastante clara y concreta.

Pero no siempre es así.

De hecho, recientemente he tenido ocasión de comprobarlo en la redacción de un texto para un sorteo de un ecommerce. 
El ecommerce quería sortear un producto concreto para promocionar la tienda. Sin embargo, tras hacer la comunicación se dieron cuenta de que prácticamente todas las personas que participaban daban por hecho que elegirían su premio entre todos los productos disponibles en la tienda en caso de ser los afortunados.

¿Qué había ocurrido? ¿Por qué el malentendido? Tras leer el texto de la comunicación del sorteo me di cuenta de que la confusión venía de una frase concreta. Era, sencillamente, que el texto inducía a error.

Esto ocurre con demasiada frecuencia, sobre todo cuando no valoramos la importancia de los textos o tenemos mucha ‘prisa’.

Ay, la prisa… Es un gran mal hoy en día y especialmente en comunicación y marketing. Tenemos tanta prisa que a veces no leemos una segunda vez lo que escribimos. En un blog, en un email, incluso en una promoción.

2 pequeños tips para revisar tus comunicaciones y que se entienda bien lo que quieres decir
  • Concrección. No es un concurso de redacción al párrafo más largo y mejor hilado del mundo. Tampoco es una competición de metáforas o figuras literarias. Ve al grano. Sin miedo. Con frases cortas, concisas y claras.
  • Lee una vez, dos veces, tres veces. Haz que lo lean otras personas. Dejar reposar los textos. Retomarlos. Releerlos. Hacer que personas ajenas a nosotros y a nuestro negocio los lean. Como decía antes, no se trata de ganar un premio literario (aunque no es incompatible) sino de no perder el foco y recordar que estamos intentando contar algo. Ese algo pueden ser nuestros servicios, por qué estamos ahí o por qué me tienen que elegir a mi y no a otro. No creo que nadie puede decir que esa información es irrelevante o que no tiene importancia. ¡Tiene toda la importancia!
La creatividad y la calidad necesitan mimo y tiempo, pero os aseguro que también se notan y los clientes saben apreciarlas.

Todos, todos los textos son importantes: los de la página web, las publicaciones de Facebook, los folletos y catálogos... Así que éste es mi consejo para todos los que queráis comunicar algo sobre vuestros proyectos o negocios: ¡tomaros un tiempo! O, si habéis subcontratado a algún especialista en copywriting los textos, genial, pero tampoco le presionéis.